Posteado por: txef | 19 abril, 2010

Último sprint!!

Bemvindos a este el que probablemente sea mi último post antes de salir de África. Hoy toca contar la última salida. Finalmente y con generosas raciones de paciencia, suerte y cabeza, conseguí contactar con el famoso horno en la ciudad de Nampula, capital de la región que lleva el mismo nombre. Nampula es la tercera ciudad en tamaño de Mozambique y ronda los 500.000 habitantes registrados en el censo, luego estarán los trillones no censados ya que yo por lo menos he visto 250.000 “Nampulenses” en solo una de las calles, ¡qué caos! Será que ya no estoy acostumbrado a las masificaciones urbanas. Desde que os escribí la última vez no ha ocurrido nada especial, aunque he trabajado bastante preparando la última parte del trabajo de campo. Internet ha estado funcionando y me he dado buenas dosis de enredar por la red, cuya velocidad en comparación con la conexión en Holanda es como organizar una carrera de 100 metros lisos enfrentando a Usain Bolt contra la duquesa de Alba y comparar sus marcas. Es reseñable la visita de Flemming Nielsen, un científico y consultor danés afincado en Wageningen que trabaja entre otras 1.500 cosas para una ONG para la cual estoy haciendo el proyecto, en colaboración con la universidad de Wageningen. Él es el responsable de toda la Jatropha en esta zona y su investigación, y vino con mucho trabajo. Como no podía ser de otra manera aquí en Mozambique, se ha ido con la mitad sin poder terminar y no por su culpa, ya que el trabajo que se tenía que haber hecho aquí nunca se llegó a terminar. Me alivió escuchar las palabras de Flemming, desde sus más de 20 años de experiencia en muchos países de África del este: “Mozambique es con diferencia el país más difícil para trabajar en África”. El hecho de que no salgan las cosas, que no se mueva nada ni nadie y que siempre, siempre falle algo es el factor más importante con el que hay que contar en todo momento. He aprendido mucho con él y ha sido una buena experiencia viajar con él, sabe muchísimo sobre cualquier tema.

Hoy la historia comienza el martes y 13 (qué grandes son y cómo se les echa en falta en Nochevieja, por cierto) a eso de las 4,00 am. Esa era la hora prevista de salida y yo, que sin exagerar me llevo de calle el trofeo a la persona más puntual del país, estaba preparadico a las 4 clavadas, una hora en la que apetece bastante poco esperar. No es que no haya aprendido en 3 meses que el retraso medio de un mozambiqueño standard ronda la hora y cuarto, es que el segundo individuo más puntual de la nación es Zacarías, el chofer. Como allí no aparecía ni el tato, decidí echar una coscadica y a las 6, bastante agitado, me fui a buscar a mis compañeros de viaje para echar cuatro gritos. Yo estaba tranquilo porque sabía que la tarde anterior habían dejado el coche preparado, listo, limpio, ready for the battle. Pero estoy en Mozambique, así que forzosamente algo tiene que fallar. Si necesitas el coche para un viaje realmente importante que has estado preparando casi durante un mes, ¿qué es lo que puede ocurrir? Correcto, justo lo que estás pensando…Alguien cogió el coche durante la noche y lo devoró un poquico más. Agua en el tanque de combustible, bomba de diesel sin presión, pierde aceite (el coche también)…Pues al final y tras ladrar un rato consigo que me dejen el camión y a las 8 de la mañana salgo para dos de los campos escoltado por tres desconocidos que en un contundente movimiento de dedo índice pasan a ser mis empleados temporales por un módico precio sin mediar negociación alguna. Qué sensación de poder. Y qué triste es, pero bueno, todos contentos. Mientras trabajábamos duro, Lorenzo (el Sol, para quien no conozca la expresión) planeaba asarnos cuales frangos y tras terminar exhaustos las 2 machambas, retorné a Bilibiza con un agujero negro en el estómago para descubrir que los audaces individuos encargados de solucionar el problema (que no son mecánicos, todo sea dicho) aún no han dado con todos los fallos del Nissan y que aún no podemos salir a las otras machambas. Las luces de alarma se encienden, como en los despachos de Real Madrid al descubrir que no son capaces de ganar ni el prestigioso “Trofeo Ciudad de Vergalijo”, y empiezo a moverme para llevar a cabo el plan C, D o W. Me juran que están cerca de finalizar, y aprovecho el lapso para deleitarme con unas suculentas cucharadas de arroz con alubias frías, que deglutí deleitado en menos de 2 minutos. Una vez más, todo un homenaje gastronómico, pero esta historia ya la conté. A mi regreso me alegra ver que ya han terminado las chapuzas necesarias para llevar el coche a Pemba y a Nampula, donde será reparado en condiciones ya que en Pemba no hay taller mecánico fiable, duro pero cierto. Cargo todas mis muestras vegetales, mis mochilas y partimos hacia en Ngeue, donde estuve tomando muestras a contrarreloj ayudado incluso por Flemming y observado de cerca por un ejército de unos 20 mocetes locales que no conseguían entender que hacía un blanco con una katana arrancando plantas. Ya de noche, llegamos al último campo, done tuve que tomar muestras de noche cerrada, lloviendo y con barro hasta las cejas, toda una experiencia. La verdad es que hay momentos en los que me estoy curtiendo que me hubiera gustado inmortalizarlos. Destrozado llegué a casa de Alejandro, María y Cristina que ya viven juntos, a los cuales agradezco de nuevo su hospitalidad. Por cierto, antes de echarme a la cama, me encajé un hamburguesón brutal en el 556, altamente recomendable.

La hora prevista de salida la mañana siguiente eran las 2.30 am, una hora aún menos apetecible si cabe que la del día anterior, realmente hostil. Mientras llovía con la intensidad habitual, cargué de vuelta las jatrophinhas en el maltrecho carro y carretera hacia Nampula, donde llegamos rozando las 7.30 tras disfrutar del bonito paisaje africano y jugarnos la vida en las animadas carreteras mozambicanas. El primer objetivo era encontrar el laboratorio del IIAM. El segundo era encontrar un sitio para pasar las siguientes tres noîtes. Objetivo uno, cumplido en una hora escasa tras unas cuantas preguntas en el ministerio de Agricultura. Otra vez, remarco las tristes ventajas de ser branco en estas tierras. Dejé las muestras en el laboratorio y volví a la ciudad a cumplir el objetivo 2 con la ayuda de la Lonely Planet. De acuerdo a las descripciones de la guía y a su céntrico emplazamiento, elegí el hotel Brazilia. Burdo insulto a la cidade Brasileira. Este tétrico hotel en que estoy escribiendo esta chapa promete sobre el papel baño individual, televisión y aire acondicionado. ¿Qué más puedo pedir viniendo de la jungla? A cambio de 750 meticais por noche (unos 18,75 machacantes europeos), recibo un lúgubre cuarto sin luz en el baño, sin agua en la ducha, la tele rota y el aire acondicionado sin funcionar. Toma. Bueno, al menos un enchufe hay para cargar el móvil y la bombilla me da luz y soporte para mi red mosquitera. Reporto al recepcionista que ficaba más seco que la mandioca la situación del cuarto y me promete una pronta solución, tan pronta que me voy mañana y aquí solo se ha solucionado lo de la ducha, y contento porque más vale. De nuevo, corroboro mi plausible capacidad de adaptación al medio, cinco minutos me bastaron: Los dos primeros los pasé inspeccionado el cuarto, el tercero lo pasé quejándome (me encanta, por si no queda suficientemente patente) y los dos últimos me sobraron para decir en este orden: vaya cuchitril, bueno no está tan mal, y qué a gusto voy a dormir estos días. Paga la uni, igual tenía que haber echado morro e ir a uno bueno, pero no quiero pasarme. El hotel tiene una ventaja que no tiene aquel de 4 estrellas y 100 euros por pernocta: el Shoprite (supermercado enorme con todo) está a 25 metros. De vuelta al laboratorio, fui ayudado por Baltazar y su compañero, gracias a los cuales fui capaz de que todas las 240 muestras durmiesen en caliente (en el horno, guarros) y adelantar un día de trabajo. Puntazo, mozambiqueños eficientes!!! Baltazar estudió 9 años en La Habana y habla cubano perfecto, hinchante. De noche volví al hotel y caí rendido sobre las 19 en la cama de mi ya considerado lujoso alojamiento donde estuve en coma durante 12 reconfortantes horas. A la mañana siguiente esprinté al súper donde me aprovisioné de básicos víveres tales como leche, zumo multifrutas, pan blandurrio, chocolate con leche, galletas escocesas, patatas fritas, fruta y agua. Gozar. Empachado trabajé un ratillo y bajé al laboratorio a controlar cómo iba el proceso de secado de las muestras. Después me pateé la ciudad para conocerla (no tiene nada turístico, nada de nada) y compré alguna capulana. De noche una 2M bien fresca en un garito terrorífico pero auténtico, y de voltereta lateral con doble tirabuzón a la cama a disfrutar un largometraje en el portátil que es una de mis grandes aficiones, un lujo que en Bilibiza no es posible disfrutar. El trabajo del día siguiente se vio complicado al comprobar que el molino para triturar las muestras estaba más sucio que el palo de un gallinero, por lo que tengo que enviar las muestras a Holanda sin moler, por riesgo a que se contaminen. Pesé, clasifiqué y etiqueté las muestras, y después Baltazar me dio una vuelta por la ciudad en su moto para acabar comiendo pollo otra vez en un gracioso local llamado Frango King (Pollo King, jaja). En este mismo instante es viernes noche y me dispongo a tomar una ducha si cae agua y salir en busca de alguna rubia fresca, algún inocente refresco de malta y cebada fermentada, malpensados. Mañana el plan es comprar provisiones en el súper bien sedo, pasar a recoger todas las muestras y viajar a Bilibiza, donde con toda seguridad todo sigue igual, aunque yo ya empezaré a repartir camisetas y calzoncillos por doquier conforme vaya haciendo la maleta para mi cercano regreso. (Actualización: nada de salir el viernes, a la cama para las 21. El domingo, 18 de abril de 2010, aún ficaba en Nampula. Ya ni me quejo, ya es que me da igual. Esta gente es increíble. El coche que se supone que tenía que estar terminado el viernes, estaba supuestamente siendo reparado esa misma mañana. Olé. El sábado me pegué la mañana esperando a que me llamasen del laboratorio para recoger las muestras y la famosa llamada para salir hacia Bilibiza. Nada de eso, me hice amigo del amable recepcionista, quien vive y trabaja a cámara lenta y recorrí la ciudad de nuevo. Si me quedo un día más, me hago guía turístico de Nampula. Conversé con a gente da rua y por la tarde acudí al laboratorio. El tiempo fue bien aprovechado y tras 5 horas de clasificación non-stop, decidí salir a echar unas cañejas de aquellas a medio euro el medio litro acompañado de Helder, quien cayó dormido en los 3 bares que visité. La juerga padre. La mañana del domingo la pasé leyendo y haciendo un esfuerzo por controlar los nervios. Estuve incluso a punto de reservar otra noche más. Después de gozar unas ricas 4 horas practicando lo que con diferencia más he hecho aquí: esperar, recibí la ansiada llamada y partimos rumbo al mato.).

Para concluir, puede ser que pegue decir que ahora es el típico momento de echar la vista atrás como se suele decir y hacer balance. Ahora mismo esto no va a ocurrir, aunque seguro que lo haré y si tengo algo que contar sobre eso, lo plasmaré en otra tediosa edición de “Cosicas de otro mundo“, donde presumiblemente comentaré reflexiones, balances y sensaciones varias acompañadas de agradecimientos. Pero la guerra aún no ha terminado, ni aquí ni allí, y tengo delante muchas batallas por librar y seguro que aún tengo cosicas que contar, así que seguiré dando caña cuando haya tiempo y/o ganas. Hasta entonces, muchos besos y abrazos de Josema. Tamos juntos!

Posteado por: txef | 8 abril, 2010

Josué

Ya le habíamos avisado…si siempre estás mintiendo, al final cuando sea verdad no te vamos a creer. Y así ha sido. El muetico llevaba unas semanas diciendo: mañana voy a viajar, voy a Beira. Obviamente no era verdad y al día siguiente aparecía saltando a limpio grito a pedir cha com bolachas, o a jogar. ¿Jogar o qué? Jogar aquele jogo que se ganha (jugar a aquel juego que se gana, definición merecedora de ovación). Hace ya unos días cuando volví de la machamba, me senté a leer y Sarah me contó con voz entrecortada: ¿Sabes que Josué se ha ido?, a lo que respondí, ¿ah sí? ¿Dónde? ¿Y cuándo vuelve? Ella respondió seria: Sí, a Beira y nunca. Silencio después de mi: qué?!? Tras un minuto pregunté qué íbamos a hacer ahora sin ese flacucho preto. La noticia cayó como un jarro de agua fría, o no, porque aquí un jarro de agua fría sabe a gloria. Me sentó fatal y tengo que admitir que su repentina marcha me dejó un bolo en el estómago y a Sarah y Nozomi ojos vidriosos. Josué es un petiso que diría Federico nacido en Beira hace unos 6 o 7 años (cada vez decía una edad nueva) muy alegre, hiperactivo y muy inteligente. Con unos enormes ojos caídos, siempre estaba enseñando su mandíbula desdentada con su perpetua sonrisa mientras bailaba, imitaba a algún animal o nos contaba alguna de sus mentirijillas (como la famosa: Ayer a la noche cuando iba a casa maté un león). Es el hijo de unos de los formadores de la escuela agraria, y vivía en esas casas que parecen favelas entre la escuela y la aldea. Repentinamente y sin avisar han vuelto a Beira para que el padre finalice sus estudios, creo. Es una lástima que se haya ido y le echamos muchísimo de menos, porque sin lugar a dudas era el entretenimiento principal en esas soporíferas tardes aquí en Bilibiza City. Su transformación desde que llegó fue enorme: llegó siendo un macaco más de la selva, asilvestrado y el pobre sin educación (como la inmensa mayoría de toda esta gente). Antes de su partida conseguimos que no entrase en casa sin decir: Com licença, no cogiese nada sin pedirlo por favor y dar las gracias, y al final comía con cubiertos. Aprendió a una velocidad enorme: números, letras, frases en inglés, canciones, juegos…es una esponja. Iba a la escuela, aunque al principio tampoco le creímos, pero donde más aprendía era aquí en casa con nosotros. Tenía una paciencia enorme con su hermanico Jersinhno, otro conguito barrigudo con diarrea perpetua, que a pesar de contar con dos años largos de edad no conseguimos enseñarle que tenía que avisarnos e ir a la casa do banho cuando tenía que hacer chichí o caca. Jerson era la risa pero estaba bastante más mimado que Josué, el cual se ganó más de un tortazo de su padre que le sacudía habitualmente cuando el moco cagón de su hermano empezaba a llorar.  Siempre llegaban de la mano y con una bolsa conteniendo pantalones limpios para Jerson, que con certeza iba a evacuar generosamente sin previo aviso. Si una cosa les volvía locos, como a la mayoría de la gente aquí, era Michael Jackson. Uno de los primeros días que llegué aquí se me ocurrió ponerles la última película del Rey, This Is It, sin saber que estaba condenándome a escuchar sus peticiones: Queremos asistir o filme das danças, todas y cada una de las veces que llegaban y me veían. Josué y yo no nos saludábamos, simplemente exclamábamos: Au! A lo Michael Jackson mientras él bailaba imitándolo, bastante bien por cierto. Creo que habré hecho sin exagerar unos 20 pases de la película, tantos que los críos ya se habían aprendido parte de los diálogos y los bailes sin saber una palabra de inglés. Las conversaciones con el maestro eran buenísimas mientras devoraba esas repulsivas amendoas caídas del árbol que tenemos en frente de casa, estos días se está notando mucho su ausencia. Algunos días le pegábamos un baño solamente por quitarle ese hedor que traía consigo, consecuencia de la poca atención que recibía en casa y no os imagináis la cara de felicidad que ponía cuando salía reluciente y oliendo bien con sus harapos limpios. Lo que más penica me da es que nadie se despidió de aquel terremoto desdentado. Nunca sabré por qué nunca me dijo adiós la última noche que pasaba en Bilibiza, ya que me tocó a mí acompañarle hasta su casa de noche. A lo mejor le daba pena a él también, o quizá simplemente no sabía que a la mañana siguiente se lo llevaban. Le había prometido un dvd con la peli de Jacko, su discografía y una carpeta con todas las fotos que tenemos juntos antes de irme, pero nunca se lo pude dar (Si alguien de la SGAE está leyendo, doy fe que la copia es legal y sin fines lucrativos, ok!?). Ahora estamos intentando averiguar la dirección de la familia en Beira para mandárselo y poder tener contacto en el futuro. No me importaría recibir a aquel macaco un verano en mi casa para que vea cómo es aquel otro mundo del que le hablábamos todos los brancos, pero es una opción casi imposible. Por cierto, Josué es aquel muetico con el que aparezco en una foto en blanco y negro en uno de los posts anteriores.

Cambiando de tercio radicalmente, y para el que le interese, estos días he estado afortunada y realmente ocupado. Como dije en un post anterior, he pagado el viajecito tanzaniano con ríos de sudor, y aún los que me tocará sudar para compensarlo. El tiempo ha pasado mucho más rápido, aunque han sido 7 días seguidos de más de 9 horas en el campo provisto de: abundante agua a unos 45ºC, una hedionda pero gloriosa toalla y una salvadora gorra que me prestó mi primico que me ha salvado de unas cuantas insolaciones y picotazos de un variado surtido de Pokémons (gracias primate!). Sin olvidar las manos de 1 cm de espesor (aplicadas cual gotelé) de crema solar factor 50 con las que me albardé brazos, careto y colleja.  He estado tomando muestras de suelo y haciendo mediciones en más de 1800 plantas de Jatropha trabajando por diferentes distritos de la región con 3 jóvenes de la aldea a quienes pagué por cada jornada laboral la comida y un poco menos de 2 €, que el doble de lo que cobran habitualmente. Acabé derrotado, pero lo bueno es que ya solo me queda un día más de campo y un viajecito de 4 días a Nampula a trabajar en un laboratorio, supuestamente el martes que viene. Después de eso ya habré terminado el trabajo de campo y vuelta a casica antes de que pierda aún más peso, ya que mi cuerpo ha empezado a darme algún que otro warning. Tengo muchísimas ganas de estar con Maya, familia, amigos y hacer una lista enorme de actividades que cuando estamos allí no apreciamos el hecho de poder hacerlas. A ver si me confirman pronto el vuelo de vuelta y empiezo a dar órdenes para preparar toneladas de comida para mi llegada. Lo de la comida por cierto, lo sigo llevando fatal. Y es que la cosa estaba ya seria, no es solo que la comida era mala, es que muchos días no había desayuno o cena. Yo no quise hacer ruido, pero los compañeros de Zimbawe son más escandalosos y tras sus protestas han echado a las cocineras, por llamarlas de alguna manera. Ahora estamos a la espera del nuevo chef (no cuadrilla, yo no voy a cocinar), a ver cómo prepara las alubias con arroz, plato de gran dificultad que requiere tremenda habilidad culinaria. No veo el momento de comer jamón, txistorra y echarme un buen patxarán.

Por la escuela sigue todo igual aunque se ha batido un nuevo record, y es que hoy 8 de abril ya hacen 23 días que se estropeó una vez más el generador y desde entonces estamos sin electricidad ni agua. Voy a evitar comentarios al respecto. Aquí obviamente no existe la Semana Santa, las lluvias torrenciales comienzan a ser menos frecuentes coincidiendo con la cercanía de la estación seca, los elefantes siguen acercándose (uno de los campos de Jatropha estaba destrozado tras el paso de una manada) y los babuinos se ponen finos de amendoas en la puerta de casa (igualito que Josué). Como novedad, ayer 7 de Abril fue el día de la Mulher Moçambicana, por lo que fuimos no bairo a asistir las danzas, representaciones y cánticos varios  que se celebraron en conmemoración de la esposa de Samora Machel, primer presidente y héroe mozambicano tras la independencia. Los ratos que no estou a trabalhar, los paso leyendo, superando mis propios (prácticamente imbatibles, btw) records en el Tetris o riendo con Fernando, al cual dedicaré otro merecidísimo post en el futuro. No me quiero despedir sin antes expresar mi gratitud a María y a su hermano Javier no solo por su hospitalidad, sino también por el huevo con txistorra que literalmente me alegró la vida.

Muchos besos y abrazos desde este otro mundo, aquí en Mozambique. Nos vemos en breves camaradas. Até logo!

Posteado por: txef | 24 marzo, 2010

Pole Pole Zanzíbar

Aquí va la segunda parte del viajecico:

Os estaba contando que la mañana del 13 de marzo nos montamos en un barco que nos transportó en unas dos horas a Zanzíbar. En el barco, que en un alarde de originalidad habían llamado “Kilimanjaro”, aparte de quemarme intensamente la parte derecha do meu corpo, hice amistad con una simpática pareja californiana que hablaban castellano con un acento gringo gracias al cual me tuve que disculpar con ellos por las veces que se me escapaba la risa a carcajadas. Al llegar a Stone Town (Ciudad de Piedra), la ciudad más importante y grande de Zanzíbar, y después de esquivar a los vendedores de todo más cansos del mundo, llamé en busca de ayuda e indicaciones a Gemma. Ella es la dueña del resort que algunos igual conocéis por el programa Españoles por el mundo (http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090629/espanoles-tanzania-gemma/534859.shtml). Tuvimos suerte porque ella y su compañero Paul se encontraban en la ciudad haciendo compras para el hotel y amablemente nos cogió la mochila y nos negoció agua y una barca para pasar a la isla de las tortugas. Así que nos cogimos el bañador y en media hora de barca que se meneaba más que la “barca vikinga” en San Fermín, nos plantamos en una isla que perfectamente puede llamarse Paraíso. Sol, cielo azul, arena blanca, agua clara y limpia de color turquesa, palmeras…las típicas playas paradisíacas de postal, pues están en Zanzíbar.

En la isla de las tortugas, como vuestra masa gris habrá deducido en otra exhibición de agudeza, pues hay tortugas. Unas tortugas chiquiticas, casi nada. Tortugas gigantes primas hermanas de aquellas de las islas Galápago. Son una especie endémica que está en peligro de extinción y que solamente pueden encontrase ahí donde las estuvimos visitando. La verdad es que los bichos son geniales, enormes, muy bonitos y cuando ves la primera, da cosica.

Después de darles de comer y tirar unas cuentas fotos, nos bañamos en la playa donde dije: Paraíso: Check. A la vuelta comimos pececito a la brasa y esperamos a Gemma callejeando. Nos montamos en la camioneta y pusimos rumbo a la aldea pesquera de Kizimkazi, famosa en Zanzíbar por ser el lugar de avistamiento de delfines salvajes. Del resort no puedo decir nada, es mejor verlo. (www.karambaresort.com). Bungalós justo en frente del mar, decorado con gusto, la comida gourmet…un sitio más que recomendable si buscas paz, tranquilidad y eliminar estrés. Eso sí, si vas con la idea de fiesta y gentío, mejor ve a la ciudad. Un bonito sitio de lo más pole pole (piano piano, tranquilo tranquilo), donde hacer yoga, comer bien, hacer snorkel, recibir masajes y vivir como un marajá, en resumen. Allí conocimos a un padre y una hija catalanes, dueños de una agencia de viajes que tiene hoteles en Marruecos y ahora están comenzando a organizar safaris en Kenia. Vinieron acompañados de dos guerreros Masai auténticos, muy majos ellos.

Los días los invertimos en descansar, hacer mucho snorkel (buceo) y movernos por algunos pueblicos para conocer la isla. La actividad más interesante llegó el día antes de marcharnos, cuando fuimos con Lluis, Eli y los guerreros Masai a bucear con los delfines. Una de las mejores experiencias que he tenido. Impresionante tener tan cerca a esos animales tan bonitos, es algo que recomiendo encarecidamente hacer alguna vez. No tiene nada que ver a la vez que nadé con delfines en Varadero, aquellos estaban domesticados y nadaban en un recinto cerrado. Estos son delfines salvajes. Yo ya tengo ganas de repetir. La cosa funciona así: a las 6 de la mañana tomamos una barca y en media hora navegamos hasta un área no muy lejana de la costa donde la profundidad ronda los 8 metros. Entonces hay que esperar y observar a los delfines que salen a respirar. En ese momento la barca de adelanta por el flanco al grupo de delfines y cuando ya estamos delante se apaga el motor, ponemos gafas y aletas y al agua patos. Entonces si los delfines no han cambiado de ruta, te los encuentras de frente. Es una sensación indescriptible, los tienes ahí pasando a una distancia que sabes que si aleteas un poco, los tocas. Pero en ese momento no piensas más que en la belleza de ese grupo de 18 delfines nadado lentamente, con las crías debajo de las madres y ejemplares enormes que se giran para verte y parece que te saludan sonriendo. Son unos animales que enamoran. En total nos dimos cinco chapuzones, dos de los cuales fueron en vano ya que los delfines cambiaron rumbo y se alejaron. Los otros tres tuve la suerte de tener los delfines nadando cerca, a mi lado y por debajo. El último intento fue de largo el mejor y las imágenes que tengo en la cabeza de ese momento nunca se me olvidarán. Me tiré al agua haciendo el mono como acostumbro emulando a Jacques Custeau, sin saber que caía justo en el momento que un grupo de 8 delfines pasaba junto a la barca. En ese momento uno de ellos pegó un salto de esos dignos de fotografía de National Geographic, y al zambullirse se colocó justo debajo de mí, nadando “panza arriba”. Así nadamos juntos unos cuantos metros hasta que me adelantó y se fue. Mientras tanto, el resto del grupo siguió avanzando cerca de la superficie y gocé como un enano nadando junto a ellos. Tras la sensación con los delfines, paramos cerca de un arrecife coralino en frente del hotel donde ya había buceado, pero donde volví a tener la oportunidad de visitar a Nemo y a toda su cuadrilla. Allí había peces de todas las formas y colores, como en el típico salvapantallas.

Al día siguiente Gemma y Paul nos volvieron a llevar a la ciudad, donde los despedimos agradecidos por cuidarnos tan bien y callejeamos sudorosos negociando sin piedad para comprar algún recuerdico. Ya cansados a pesar de no hacer nada más que disfrutar, cogimos el barco de vuelta y pasamos la noche en el mismo hotel con las mismas sonoras plegarias. Sin más novedad reseñable y con un retraso de casi dos horas cogimos el vuelo de vuelta en un pitillo con alas. El avión más pequeñico en el que he volado, con capacidad para 30 pasajeros, yo creo que iba a cuerda. De vuelta en Pemba, el gran Alejandro nos hospedó en su casa donde un montón de mujeres preparaban las samosas y aperitivos para la fiesta de cumpleaños de Alejandro, Cristina y Gonçalves que se celebró esa noche en la barraca de Papaíto. Por fin tras dos meses un poquico de fiesta donde escuchar música, hacer vida social y echar unos gozosos bailables. Me porté bien y me retiré pronto a casa, ya que a las 5 de la mañana tuve que apanhar una chapa criminal que me llevaría a Bilibiza en algo más de 5 horas en el que ha sido el viaje más incómodo de la mia vita. Íbamos en la parte trasera de una pick up cerrada 10 personas, 70 toneladas de mazorcas de maíz, maletas y 3 criaturas. (Mal)Viajé con mi mochilón, un tipo adosado a mi torso que no se duchaba desde que el Madrid ganó algo, una sensación resaquil sin razón y una cría muy majica en mi regazo que se llevó las 5 horas de tedioso viaje jugueteando con el pelo de mi antebrazo y con quien compartí mi música. Aunque llegué destrozado, es otra experiencia para guardar.

En Bilibiza la vida sigue igual, tranquila, con hambre y como ya os comenté sin electricidad y apenas sin agua marrón para duchar. El trabajo parece que va avanzando, cuando termine unas negociaciones en Nampula sabré cuando puedo fijar mi fecha de vuelta a la civilización. A ver si ocurren cosas interesantes para escribiros otra vez. Hasta entonces, como diría un televisivo: así han sido las cosas, y así se las hemos contado. Gracias por su atención y hasta la próxima. Y por favor recuerden: si beben, no conduzcan. Besos y abrazos!!!

Posteado por: txef | 24 marzo, 2010

Jambo Tanzania!!!

Cómo no, he vuelto “a casa” y en Bilibiza llevan desde el día 17 sin electricidad. Calculo que para el 24 el generador debería estar arreglado, pero quién sabe. Estoy escribiendo a lunes 22 de marzo.

Pues al final sí que me fui. Es que venir hasta aquí abajo y no visitar nada puede carcomerme por el resto de mis días. Quién sabe si volveré por estos lares. Tengo muchísimas cosas que contar acompañadas de unas 600 fotos. Si os apetece leer, voy a resumir en orden cronológico los momentos destacados de estas vacaciones que pagaré con sudor, mucho sudor…

La mujer que se supone nos iba a guiar a Tanzania, nos falló a última hora y el día antes de la partida nos vimos sin viaje. Mi pesimismo del último post cobraba razón, pero los que me conocen ya saben que gusto de hacer números (aunque en mi cuadrilla la contabilidad es cosa de mi amigo Miqueo, “más fácil, más fácil”) y concluí que la diferencia entre ir 2 días en chapa y coger un vuelo de una hora larga era de unos 30 euros. No dudamos ni un instante. Pros y contras, pero ninguna duda. Con chapa ganábamos experiencia y paisaje, pero perdíamos unos 5 o 6 años de vida y 2 días de viaje. En avión ganábamos en salud. Así que a las 3 de la mañana nos subimos al remolque de un camión que transportaba madera y en unas 4 horas llegamos a Pemba equipados con un mochilón y muchas ganas de viajar. En las oficinas de LAM preguntamos por un inmediato vuelo a Dar es Salaam que resultó ser dos días más tarde. No había otra solución y ya habíamos decidido salir así que lo cogimos y delante tuvimos 2 días en Pemba para hacer básicamente nada. Mi amigo Alejandro nos volvió acoger en su lujoso palacete verde a pesar de tener a la novia y la empregada en casa. De verdad, gracias Alejandro. Hay poco que contar de esos 2 días, ya que nos dedicamos a pasear e ir a la playa de Wimbi, donde por fin me pegué el primer chapuzón de la temporada. El agua está más caliente que en la ducha, aquello parece Tiermas. La tarde antes de partir ocurrió una cosa graciosa, que como ya os contaré, se repitió en el Kilimanjaro. Estando a limpio sudoku en la playa, un grupo de unas 7 meninas que rondarían los 12 años de edad se pusieron delante de mí y comenzaron a reír señalándome. Les pregunté a ver qué era tan gracioso y me gritaron: ¡Eres Jesús de Nazaret! Toma esa, seguro que me abuela estaría bien contenta de saber que a su nieto lo confunden con Jesusito. Justo después de que la camarera del Dolphin me echara 30 años, van las niñas y me dicen que parezco Jesús. Ahí queda eso.

Al día siguiente madrugamos para estar puntualmente en el masificadísimo aeropuerto de Pemba. Nosotros fuimos puntuales, pero ellos no. Abrieron el check in unos 25 minutos antes de la hora prevista para el despegue y huelga decir que el vuelo demoró. Tras un tranquilo trayecto durante el cual gocé con las vistas de los archipiélagos, Dar nos recibió con unos sofocantes 35ºC nunca tan sofocantes como los cientos de personajes que tratan de vender compulsivamente safaris, taxi, alojamiento, comida, sustancias estupefacientes…de todo. Después de una burocrática hora de espera para estampar un nuevo cuño en mi pasaporte, partimos en un polvoriento taxi hacia el caótico caos de la capital de Tanzania. He olvidado comentar que sin salir del aeropuerto me vi inmerso en unas airadas negociaciones con un tipo que vendía safaris, y decidimos contratar una excursión para ver el Kilimanjaro. Nosotros pagamos, él se encargaba de todo: transporte, comida, guía, etc. Pudimos haber pagado la novatada y/o/u inocentada tranquilamente y haber merecido una buena colleja por canelos (como diría mi querido padre), pero el tiempo apretaba y decidimos firmar. La verdad es que conseguí un buen precio después de que el tipo me dijera que era un buen negociante. Llegar al hotel, un trayecto de unos 10 km, llevo algo más de una hora incluyendo una rauda visita a un “Bureau de cambio” para hacernos con unos Shillings (moneda de Tanzania) de supervivencia. La llegada el hotel, en aquella calle y con aquella fachada, auguraba una noche de lo más hostil. Pero la verdad es que no fue así, el hotel estaba francamente bien. Pero hay que tener en Cuenca que saliendo de esta jungla, a nada que nos pongan una sábana planchada y una toalla limpia ya estamos hablando de 5 estrellas. La noche fue tranquila hasta que a las 5 de la mañana, antes incluso de que los gallos empezasen a dar la vara, nos tocó disfrutar de unos encantadores minutos de oraciones musulmanas a un volumen inhumano, provenientes de un macro-megáfono que casualmente se encontraba justo en frente de nuestra ventana. A todo esto hay que sumar que el megáfono estaba más quemado que la pipa de un indio y las sonoras plegarias estaban interrumpidas por estruendos causados por interferencias. Con todo el respeto del mundo al Corán y la religión islámica pero, ¿es realmente necesario rezar gritando de esa despiadada manera? Llegué a pensar que el que estaba rezando estaba siendo al mismo tiempo cruelmente torturado, qué manera de soltar alaridos. La interrupción de mi plácido sueño no fue tan dolorosa, ya que me vino bien para prepararme y esperar al tipo de la agencia que nos iba a llevar a la estación de autobuses de Dar es Salaam, la cual estimo que será tan grande como las Bardenas Reales de mi añorada Navarra. Qué caos de gente, motos, bicis, animales, autobuses multicolor y megáfonos radiando pasajes del Corán. Aquello fue un espectáculo y aún no habían dado las 6 de la mañana. Yo creo que allí se fletan buses a todos los rincones del globo, una cosa exagerada. Tuve suerte que nos reservaron los sitios delanteros donde pude observar el paisaje y estirar las piernas, porque delante tuvimos 8 horicas de autobús que espero nunca se repitan. No he rezado tanto en mi vida, aquel conductor nos quería matar. Menudo suicida, y no me extraña ver continuamente coches y autobuses accidentados, según mi experiencia, la ley no existe en las carreteras africanas. Al llegar estuve por besar el suelo y acuchillar al chofer. Dejamos el bus en Moshi, la ciudad más cercana al monte Kilima kya Ruwa (Monte de Dios en lengua local) que para quien no lo sepa, es la montaña (volcán, más concretamente) más alta de África y la única con nieves perpetuas. Allí nos estaba esperando Oscar, un jovenzuelo autóctono que amablemente nos pidió el dinero restante para comprar comida y agua para lo que restaba de jornada. Tras visitar los bonitos mercados de la ciudad, un amigo suyo que hacía las veces de chofer de la excursión, nos subió a las laderas de la montaña. La verdad es que el paisaje es precioso, con abundante vegetación tropical y unas vistas que quitan el hipo. A una altura de 1500 metros paramos el coche para hacer la primera y más importante actividad para los lugareños: beber. Beber una especie de cerveza de banana, que algunos elaboran de un día para otro siguiendo un curioso proceso que no os voy a contar. Es curioso porque cuanto más tardes en beber la cerveza, más te puedes alegrar. Si por ejemplo la tomas sobre las 3 de la tarde, aquella papilla amarga tiene unos 4 grados; pero si esperas a la noche te la puedes tomar con unos 10 grados, con el consiguiente efecto embriagador. Aquí viene el resto de la historia de mi parecido con el mesías. Claro está que los amables lugareños que se percataron de nuestra presencia acudieron prestos a la caseta donde la graciosa mujerona de generosas dimensiones nos vendió la birra (no precisamente fresca). Allí un grupillo de mujeres tradicionalmente ataviadas con coloridas capulanas que dejaron las labores agrícolas para ser invitadas a un litro del espeso brebaje, empezaron a hablar entre risas en lengua kswahili a Oscar, nuestro guía. Oscar también rió y le pregunté que me explicara el chiste. Él me comentó que yo le había gustado mucho a todo el personal presente, pero no porque les pareciera majo físicamente, sino porque era lo más parecido a Jesús de Nazaret que habían visto. Era toda una celebridad, en aquella región son profundamente cristianos y no veáis cómo les va el góspel. Decidí irme de allí echando unas cuantas bendiciones entre risas. Tras esta anécdota llegó uno de los mejores momentos del viaje. A pesar de que el viaje pesaba y el cansancio comenzaba a notarse en las piernas, cogimos la mochila y nos pusimos a hacer trekking por una parte del monte Kilimanjaro. Lo que yo no sabía es que no esperaba una escalada nivel “Otxoa de Olza”, menudo palizón nos dio Oscar. La verdad es que viviendo en el mato me muevo menos que un lagarto de goma y como deficientemente, así me encuentro con la forma física de un anciano de 85 años. Palizón que de largo mereció la pena por lo que nos mostró y los paisajes que vimos. Durante la ruta Oscar nos iba contando historias sobre el lugar, tradiciones y costumbres locales, y un montón de plantas con usos medicinales y espirituales. Nos cepillamos los dientes con ramas de ipala, ahuyentamos males de ojo con la raíz de ifuna y masticamos hojas de mombo. Después de caminar, subir, bajar, saltar, esquivar, caer y levantar, llegamos a un sitio donde Oscar nos invitó a levantar la vista. Allí se nos abrió la boca al ver la cascada de Materuni. Una cascada natural e 87 metros de altura perdida en un lugar al que no es cómodo acceder. Allí nos pegamos un baño y nos pusimos debajo de la cascada de agua que bajaba bastante fresca.

Fue una gozada. Antes de que anocheciese caminamos durante otra hora hasta llegar a casa de Oscar donde nos estaba esperando su familia. Madre, hermanas, tíos, sobrinos, un pelotón de gente que vive en una casa construida en una pronunciada pendiente. Montamos la tienda de campaña y jugamos con los muetes hasta que nos sirvieron la cena, un típico plato kswahili con banana verde, yuca, mandioca, coco y carne que prefiero no saber de qué. Durante la noche escuche aún más actividad y ruido que en Bilibiza, pero era una gozada poder dormir en medio del monte Kilimanjaro. A la mañana siguiente la blanca cima apareció descubierta y aprovechamos para ir a dar un paseo y tirar unas cuentas instantáneas. Muy bonito todo.

Para desayunar antes tuvimos que preparar nuestro café. Preparar literalmente porque Oscar nos dio café de su cosecha que tuvimos que pelar, tostar y moler allí mismo. Me he traído un kilo de café auténtico de Tanzania tostado por mí, doy fe. Después de pasear y hablar volvimos al pueblo para coger un autobús de vuelta, otras 8 horicas. Este autobús pintaba mejor, me hizo gracias que estaba equipado por Irizar. Pero nada de eso, si en el viaje de ida pasé miedo, en este viaje decidí no mirar más por la ventana y devorar un gran libro que me regaló Maya. Qué miedo pasé, menudo terrorista al volante. El viaje se me hizo especialmente duro porque no dejaron de reproducir a todo volumen videoclips de música góspel y música local con unos vídeos…no os podéis hacer a la idea de la tortura que supone aquello, no puedo ni verlo. Al llegar de noche se supone que el tío de la agencia nos debía estar esperando para llevarnos al hotel, pero nos la jugó. No pasó nada porque cogimos un taxi y nos olvidamos, pero si alguien va a Tanzania ya sé a quién no voy a recomendar. De vuelta en el hotel, una cerveza Safari bien fresca, una ducha con el agua más sucia y sulfurosa que he usado en mi vida y a la cama derrotados al son de las escandalosas oraciones musulmanas. Al día siguiente tocaba pasar a Zanzíbar, historieta que os contaré en el siguiente post. Besicos desde Moçambique.

Posteado por: txef | 8 marzo, 2010

Preparando la salida…

Queridos camaradas,

No sé si será porque me he ido o porque internet sigue sin funcionar, pero voy a estar unos cuantos días ausente. No tengo nada fijo planeado, la idea es simplemente visitar Tanzania a la aventura. Objetivo: pasar de 8 a 10 días en el país vecino con el siguiente plan en mi cabezón. Partir en chapa sobre las 4.00 AM., pernoctar cerca de la frontera y tras cruzar el río que separa Mozambique de Tanzania, montar en un machimbombo hasta nuestro primer destino: Dar es Salaam, la capital. Tras conocer la ciudad, buscar transporte hasta el Kilimanjaro, tirar varias instantáneas con la montañita de fondo y divisar animalicos. De vuelta en Dar, zarpar en barco hacia Zanzíbar, donde ya he contactado con un atractivo y paradisíaco resort de una española con precios muy asequibles. Allí queremos ver corales, delfines y peces de colores. Tras esto, vuelta a Mozambique a trabajar. La oportunidad es única, así que adelante. Tengo mucha curiosidad de ver cómo cambia el plan que acabo de resumir. Seguro que no hago nada de todo esto, pero vamos a la aventura.

Esta semana ha sido muy tranquila, y como no tengo nada especial con lo que daros la tabarra, quiero que os hagáis una idea de cómo son esos viajes que hago a Pemba tan frecuentemente, así que cuento lo ocurrido en el último de ellos. La historia se remonta al pasado miércoles de madrugada, cuando salimos realmente pronto porque una visita tenía que volar temprano. A las 3,30 AM, mientras la luna me enseñaba el ombligo nadando en un imponente océano de estrellas (es algo que hipnotiza, im-prezionante), montamos en el 4×4 que está a puntito de morir y acto seguido caí dormido. Otra nueva prueba que corrobora mi total adaptación al medio que me rodea: soy capaz de dormir cual marmota en un carro que no deja de dar saltos y golpes, mezcla de una delicada conducción y unos impracticables caminos. Ya en la ciudad, que cada día me resulta más lujosa, me soltaron en la calle principal y lo primero que hice fue ir a ver a María, que había recibido la visita de su hermano. Después del saludo y actualizaciones varias, mi primer objetivo de la jornada además de enviar unas cuantas cartas era conseguir un chute contra la fiebre amarilla para poder salir a Tanzania. Pensé que dónde mejor para encontrarlo que en una clínica privada. Mi sorpresa fue ver que no tenían la vacuna, y dudo mucho que pudiese encontrar una triste tirita en ese edificio. Si en un sitio privado y caro no tienen, no quiero pensar en un ambulatorio público mozambiqueño. Un inciso en forma de moraleja: Si hay algo importante para moverse por ahí y en la vida en general, es que hay que tener contactos hasta en el infierno. Então llamé a Eduardo, un médico cubano que se desloma trabajando en el terrorífico hospital provincial y le rogué ayuda. Mis esperanzas se desvanecían cuando me dijo que sólo podía encontrar la droga en algún centro de salud perdido en algún barrio de la ciudad, pero que no sabía en cuál. Desistí y cariacontecido fui a visitar a mi amigo Alejandro al edificio del gobierno donde intenta trabajar como joven cooperante. En la planta baja del edificio se encuentra el ministerio de Saude y en un alarde de inteligencia se nos ocurrió preguntar carentes de fe por la dichosa jeringuilla. Tras descartar dos despachos, uno por estar vacío y otro por la razón opuesta, caímos en un tercero donde se encontraba un joven jugueteando con su enorme celular. Lo acontecido en ese momento fue uno de esos golpes de suerte que te dibujan una sonrisa de oreja a oreja y hacen exclamar un expresivo: no me jo…!! La cosa ocurrió asín: Alejandro preguntó en portugués: “Perdone, no sabrá usted dónde es posible encontrar la vacuna contra…” y antes de terminar la frase, el tipo le interrumpió con: “¿la fiebre amarilla? Sí, soy yo mismo”. Toma esa. Como diría Federico: qué culo que tuviste pive. Fue un cúmulo de casualidades y uno de esos momentos en que ser branco es injustamente ventajoso. El tipo resultó ser el responsable regional de dicha vacuna y solamente fica unas 5 horas a la semana en ese edificio. Casualidad que lo encontramos y fuimos a preguntarle a él mismo. Amablemente me pidió documentación y cartilla de vacunación y tras unos cuantos trapicheos me acompañó a un ambulatorio donde me sentó, carimbó mi cartilla y me suministró la vacuna. Olé. Tras pagar gustoso una jugosa suma de meticais decidí que el día ya estaba hecho y me fui a comprar algunas cosillas. Por delante tenía un montón de horas muertas, así que me bajé a la playita de Wimbi a celebrar el éxito degustando unos camarãos grelhados (langostinos a la brasa). Hacía un día buenísimo de playa pero yo no tenía bañador. En cambio vestía los vaqueros y las botacas, muy bien.

Me quedé allí sentado en un chiringuito leyendo durante un par de horas hasta que Bachir me ligó para comunicarme que en una hora escasa salíamos de vuelta para Bilibiza. Olé sí una hora, fueron 3 horas esperando para después enterarme que voltamos al día siguiente. Así funciona esto. Afortunadamente María y su hermano Javier volvieron de una visita a Mariri y fuimos a come peixe (pez) a un sitio donde vi una de las cosas más imponentes que he visto en mi vida. Un precioso baobab de 1200 años. Menudo bonsái, espectacular. Aunque de perímetro irregular, tiene un diámetro de unos 10 metros, es una hermosura y como no creo que os hagáis una idea, tomaré fotos (con el móvil, claro). Alejandro me acogió amablemente en su mansión y a la mañana siguiente tras una calurosísima noche que dificultó el descanso, decidimos montar en una chapa y pagar 5 meticais (12 céntimos de €) para bajar de nuevo a Wimbi. Esta vez bien equipado con traje de baño y con un chapuzón en las claras y cálidas aguas (a 27ºC) como objetivo, además de engullir prego no pão.Para mi infortunio, la marea estaba extra-baja y aquello era un lodazal donde no quise meterme. No pasa nada, otra vez será (espero que la semana que viene en Zanzíbar). Sobre las 15.00 y después de visitar 100 casas y mercados varios, por fin salimos hacia Bilibiza en un viaje donde agradecí muchísimo tener mi iPod mientras devoraba duas mazarocas asadas (mazorca asada).

Aquí en la gran Bilibitza no he hecho nada más que redactar y preparar cosicas para el proyecto, escribir correos, leer y comprar capulanas en el bairo. Otra cosica que hemos comenzado es la construcción de un pozo de agua para uso y disfrute de los amables lugareños, que diría mi amigo Largo. Esto no forma parte de ningún programa, simplemente teníamos en mente poner algo de dinheiro para organizar algo en el pueblo. Las opciones eran: un tanque para conservar agua de lluvia, letrinas o un pozo. El pozo es la mejor opción por simplicidad y porque aquí es fácil encontrar agua ya a los 2 metros de profundidad. Hemos tenido alguna confusão con los currelas, pero bueno, la semana que viene ya estará terminado.


Hoy terminaré de preparar la mochila y lo que es más importante, prepararme mentalmente para 2 días de calor y paciencia en chapa. Espero que dentro de unas 2 semanas os escriba para contaros cómo fue el viaje y si no puede ser así, os contaré cómo lo intenté y porqué no puedo ser. La verdad es que soy bastante pesimista al respecto, pero la ilusión que no falte.

Cálidos saludos, a unos 33ºC. Vuestro amigo, Josema

Posteado por: txef | 3 marzo, 2010

Toca trabajar

Id llamando al señor Guinness (no al de la cerveza preta, sino al de los records) porque puedo confirmar que estos días he batido el record del mundo en sudoración corporal. Cuando estuve en Cuba pensé que no iba a sudar más en los días de mi vida. También pensé que no era posible transpirar más de lo que experimenté cantando con la boca bien abierta el Eres tú de Mocedades en el corazón de la peña Oberena en San Fermín a temperatura de ebullición. Pero aquí ha hecho un calor agresivo, pero lo peor es que ha venido con una humedad sofocante. Creía estar adaptado, hasta hoy. Y es que no es fácil sobrevivir en estas condiciones, si no que se lo pregunten a mi cámara de fotos que la otra tarde murió, otra vez. Supongo que la pobre exigía ser conservada en lugar fresco y seco. Pero ya es segunda vez que me falla. La misma que sobrevivió a un chapuzón con la mia mamma el pasado verano, sin razón aparente va y muere. Lo que me queda de aventura africana, unos 2 o 3 meses, a tirar fotos con el móvil. Lo siento señor Olympus, pero has perdido un cliente. Internet tampoco ha funcionado por unos días en Bilibiza, y no sé cuándo lo arreglarán así que supongo que estaré algunos días ausente.

Relato brevemente lo acontecido en estos ajetreados días. El domingo día 21 partimos como acostumbramos a las 5 hacia Pemba. El madrugón merece la pena si está despejado, el amanecer aquí es precioso. Aquel día se batió otro record, vuelve a llamar a míster Guinness. En esta ocasión se batió el record de ocupación en el Nissan 4×4. Los chinos serán capaces de meter 25 individuos en un mini, pero lo que ocurrió esa mañana es más difícil de conseguir, doy fe. Íbamos 7 en la cabina cuales anchoíllas en escabeche enlatadas en overbooking más el motorista Zacarías, el cual me confesó con su habitual humor y elevado volumen de voz sus 115 kg de oscura y sudorosa masa corporal. En la parte trasera de la ranchera, que dudo que tenga más de 3 metros cuadrados de superficie útil, se metieron la friolera de 14 personas, 14, con sus consiguientes bultos, véase cabras, esteras, mochilas, sandías…digno de National Geographic, como casi todo lo que veo a diario. Yo los vi acercarse y dije: No, no puede ser. Pero efectivamente, sí, sí que puede ser. Lástima no tener una filmación de los botes que pegó el coche con 21 personas más bultos encima. Después de un viaje de unas tres horas durante el que compramos maíz, kiabos y fanta uva, llegamos a Pemba. Rajado de hambre me comí tres prego no pão e duas cocas. No sé si ya lo comenté, pero es curioso ver cómo se adapta la cocacola a todos los bolsillos (0.30 € el vidrio de 30 cl.). Tras esperar un par de horicas, fuimos a recoger al super aeropuerto internacional de Pemba a Maja, la supervisora de mi proyecto. Sí, se llama Maja, y la mujer la verdad es que es maja. Sin excesiva demora, partimos de vuelta hacia Bilibiza esta vez con ocupación legal del automóvil, y entonces cayó el diluvio universal. Aquello no era llover, aquello era diluviar, del verbo diluviar. Yo llegué a pensar que nos ahogábamos. Qué manera de llover, de tal manera que el 4×4 se quedó atascado en el barro por cabezonería del motorista, y tuvimos que nadar, digo andar hasta Bilibiza que afortunadamente estaba a sólo 3 km. Suficiente para llegar como si hubiese buceado en el río y agarrarme un catarrico bien majo. Sí, es posible apanhar constipação a 30ºC, no se precisa pasar fresquete. Después de intentar secarme, mostré a Maja su lujosa estancia, colgamos la red mosquitera del cable de la bombilla sin bombilla y decidimos descansar echando un cafelillo. Cafelillo que se terminó al día siguiente y hasta hoy sin café. No queda ni una triste lata de café en todo Bilibiza. Le estuve mostrando todo lo que había hecho hasta la fecha acompañado de imágenes, la verdad es que poca historia, pero intenté llenar de paja todo lo que pude. Eso se me da bien. Ella sabía de sobra cómo funcionan aquí las cosas y hasta estaba contenta así que aprovechando la emoción del momento elaboramos un primer plan de trabajo. Primero de varios que nunca iba a poder llevar a cabo. El siguiente día tocó trabajar bastante, me puso a prueba y al trabajamos un montón, pero al final acabamos hablando de San Fermín (yo casi con lagrimica). Un día más tarde, se supone que los responsables de todo este tinglado tenían que volver de Nampula, pero amigos, esto es Mozambique…llegaron al día siguiente a la tarde. Solo un día y medio tarde, un retraso apenas perceptible. Al llegar aún nos pidieron un par de horicas para dejar los bultos y acicalarse. Pasado un rato nos se apresuraron a mostar amablemente y con lujo de detalle todas las instalaciones que ya habíamos visto la primera tarde, y que yo conozco desde hace 1 mes. El último día, nos montamos en el 4×4 y en total fueron unos 600 km visitando diferentes distritos con campos de Jatropha, a cada cual más desastre.

Finalmente y tras tachar varios planes, pudimos decidir qué puedo sacar en limpio de todo esto. Si alguno está interesado, que me pregunte y lo explicaré gustoso. Pero no voy a escribir aquí la paliza así que para que os hagáis una idea, tengo que ir a 8 parcelas diferentes tomando muestras y mediciones de plantas en diferentes condiciones para hacer estudios comparativos. La verdad es que han sido 5 acatarrados días muy productivos, no ha estado mal. Los ratos muertos, esto es, que llovía a morir o no había nada que hacer, luchaba por evitar silencios de esos incómodos y al final creo que tengo bastante confianza con esta supervisora. A ver si va todo bien, eso parece. Tengo que decir que mi thesis ha peligrado seriamente debido a las condiciones de las parcelas, os podéis imaginar que todas ellas parecen jardines botánicos tropicales, por lo que es difícil encontrar patrones claros. Pero lo peor ha sido dar con un horno pare secar las muestras vegetales y de suelo. Ardua tarea en un país con este nivel de desarrollo. Sin horno puedo ponerme a hacer dulce de higo, pero no mi thesis. Al final Maja tiró de contactos y encontramos un horno perfecto para cumplir mis propósitos académicos justo 10 minutos antes de su vuelo, esto es cierto. El horno está en el Instituto de Investigaçao Argraria de Moçambique (IIAM) en Nampula, así que tengo que hacer un plan para terminar el muestreo en un día y ese mismo día o como muy tarde la mañana siguiente salir para Nampula que está a unos 1000 km. Con la excusa pasaré allí 3 o 4 días, gentileza de la gran universidad de Wageningen. Ya veremos cómo me lo monto.

La visita también era importante para los altos mandos de la EPF Bilibiza y uno de los aspectos más positivos es que con motivo de tal acontecimiento, las cocineras recibieron órdenes y materia prima para mejorar sustancialmente la variedad y calidad de los platos ofrecidos en el menú. Ha sido una semana en la que he ido a comer con ganas, porque hambre llevo de serie, y bastante. Matapa sin arena, galinha asada con patatas, arroz con carne en salsa (que parecía chicle Boomer, pero carne) e incluso lulas (calamares)!! Todo un deleite para mi paladar. Solo les faltó un detalle con ella, se acordaron de ponerle electricidad en su habitación la última noche. Bravo. Por lo demás Maja ha estado a gusto, eso creo.

El pasado viernes como os comentaba la llevamos al aeropuerto y después todo volvió a la normalidad. Me tocó esperar unas 3 horas en el mismo banco donde trabajan tan eficientemente a que hiciesen una gestión que finalmente no se hizo porque el tipo no llevaba su identificación encima. Otra vez, Bravo. Luego me fui a un bar y me puse fino de comer y de esperar. Al final me recogieron y pude comprar algo de material necesario. De vuelta en Bilibiza a Bachir se le ocurrió tirar de los fondos de ADPP y comprar frango para cenar. Pollo con patatas, a gusto. Con esa luna casi llena que iluminaba toda la bahía de Pemba (la tercera más grande del mundo), nos sentamos en el medio de la nada camino de Metuge a comer, mientras me explicaban las tradiciones para contraer matrimonio en esta cultura. Acuerdos entre familias, ritos y tradiciones tradicionales ancestrales. Después de engullir el pollo a la africana (con ambas manos, sentados en el piso y con la cabeza casi entre las piernas), a Bachir le entró la modorra-cansancio y me pidió que llevase el todoterreno hasta acabar la carretera, unos 170 km. No me importó en absoluto, de hecho accedí gustoso. Una nueva experiencia porque era la primera vez que llevaba este cacharrito en esas condiciones y conduciendo por la izquierda. La carretera que va a Tanzania tiene un carril, por lo que cuando te cruzas con otro coche o una chapa, hay que frenar hasta casi parar y poner medio auto en la selva o en la acequia. También tuve oportunidad de hacer rally durante unos pocos kilómetros por las sendas que van a Bilibiza, pero aún tengo que perfeccionar mi pericia al volante en rutas off-road de nivel Expert como estas. Bachir me dijo que bien, pero donde yo voy a 60, él va a 100 y conducir por estas sendas de noche es un importante plus de dificultad. Otro día lo conseguiré. Durante los viajes nocturnos toca ver de todo, da cosica ver a ambos lados de la carretera y a varias alturas los ojos brillantes de los animales que reflejan las luces del coche. Es de foto, como en los documentales de la 2. Tenía la esperanza de cruzarme finalmente con alguna manada de elefantes, pero hasta abril no creo que se dejen ver con tanta facilidad. Aproximadamente hasta abril se quedan tranquilicos en medio del bosque porque todavía la comida allí no escasea y de esta manera no corren el riesgo de quedar atrapados en el barro al desplazarse. Pero sé que cualquier día de estos los veo, todos los caminos por los que paso para ir a las machambas están sembrados de hermosos mojones de elefante de generosas dimensiones y de árboles y arbustos derribados a su paso. De los 2 millones de lechuzas o búhos que no sé por qué razón acostumbran a posarse con nocturnidad en medio del asfalto, una de ellas fue imposible de esquivar y tuvimos que lamentar una baja. Uno de los pocos ocupantes que no estaba roncando me pidió parar el carro para recogerla, pero no para intentar curarla en un acto digno de grinpís, si no para comérsela. Toma.

Después de todo esto, el fin de semana ha estado lleno de actividad y barullo como podéis imaginar. La única novedad es que un amigo italiano y yo estamos planeando una salida a Tanzania en chapa, a la aventura. El objetivo en visitar Dar es Salaam, pasar un par de días en el paraíso (Zanzibar) y tomar una foto con el Kilimanjaro de fondo. Si hay tiempo sería genial visitar el Serengueti o el cráter en Ngoro Ngoro, pero esto último es más complicado. Todo depende de si me las arreglo en Pemba para ponerme un chute contra la fiebre amarilla esta semana y del planning con el laboratorio de Nampula. Pero la verdad es que es una oportunidad única de hacerlo y no es nada caro en ningún caso. A ver si hay suerte y en el próximo post os cuento alguna aventura de algún viajecico. Ahora por hablar se torcerá el plan y me quedaré en la tranquila Bilibiza, que no me quejo, ¿eh?. Motivación no me falta.

Saludos, besos, abrazos y congratulaciones variadas de vuestro amigo Txemari. Cuídense y sean buenos.

Posteado por: txef | 17 febrero, 2010

Acunha!!! (parte II)

Continuando con las cosicas de la gente con la que trato diariamente, es curioso que todos intentan hablar inglés, ponen todo su empeño en pronunciar bien y cuando les digo una palabra, repiten todos lo primero que oyen un montón de veces sin dejarme que les corrija hasta que deforman la palabra. Les repito la palabra correcta y la vuelven a deformar a su antojo, así que cuando considero que es caso perdido les digo que sí, que Bien en inglés se dice fles y tan contentos. Very fles.

Un aspecto importante es la música, que como podéis imaginar, les encanta. Eso sí, en mi opinión y de acuerdo con mi gusto musical (excelente, por cierto), la música mozambiqueña es malísima. Yo la entiendo como una mezcla entre reggae,  reggaetón barato y góspel. Casi nada. Esa mezcla explosiva siempre está acompañada de ese clásico organillo, seguro que si alguna vez habéis escuchado música africana, sabéis a qué sonido de organillo me refiero. El Rey aquí causa furor, y no me estoy refiriendo al individuo que todos los años por Nochebuena no falta a su cita televisiva y con la voz que le caracteriza nos hace reír con su clásico: “Me llena de orgullo y satisfacción”…o: “La reina y yo…”. Me estoy refiriendo a Michael Jackson. Les encanta, y la semana pasada me sorprendió esta imagen: Alrededores de Pemba, 17 horas, el sol comienza su huída, ¿qué puede pasar cuando nos disponemos a volver al mato? El  4×4 cómo no, se  estropea y mientras esperamos que unos personajes que se hacen pasar por mecánicos suelten 4 tuercas, el director de la escuela agraria saca su móvil y lo da todo cantando Black or White y Thriller (con “inglés” inventado, obvio) a viva voz. Los muetes que vienen a casa no hacen más que pedir Smooth Criminal y Bad, y a bailar imitando a Jacko como locos. MJ es el más grande, y punto. Otro estilo que les encanta es la música de raperos negros americanos, tipo 50 cent o Jay Z. No encontrarás otra cosa en las teles de los bares que un canal de MTV, no sé cuál es, en el cual exclusivamente se emiten videoclips de raperos con ropajes anchos, pantalones culocagaos y enormes gafas de sol con brillantes en la montura, rodeados de tordas que se contonean ligerísimas de atuendo alrededor de un cochazo con las llantas bien relucientes. La otra variante son las telenovelas, pero estas crean adicción en todo el planeta, así que nada que comentar como novedad. Los he visto hipnotizados por ese canal de música por horas. Y ésto no es solo en un bar, son varios en los que he esperado una eternidad por un prego no pao y la escena es la misma. Cuando vaya a algún garito y/o discoteca ya os contaré cómo suena aquello, aunque me han dicho que les gusta bastante el perreo. En conclusión, la música en estos lares es otro despropósito.

Algunos me habéis preguntado a ver cómo va mi portugués, y sinceramente, mal. Como ocurre con todo, la mejoría las primeras semanas es enorme, luego se estabiliza y creo que o me voy a Portugal, o esto no mejora.  Ya me enseñará mi amigo Josete. Imaginaos la clásica película de indios y vaqueros, donde los pieles rojas hablan: Yo ser indio, yo matar cowboy. Pues aquí hablan así pero con vocablos portugueses. Hablan en infinitivo y en imperativo, punto. Encima os podéis imaginar el acento. Mi amigo Joao me va a prohibir hablar en portugués con él. Aunque eu falo Portuñol, en mi currículo está clarísimo que ya puedo añadir otra línea en la sección de idiomas que diga: Portugués: Nivel Alto. Hombre que sí. Ya sabéis que exagero, tampoco va tan mal. No estoy para escribir un fado, pero me ha resultado fácil el portugués. El acento de esta gente es muy peculiar, y cuando no hablan de cosas serias acaban todas las frases con un agudo gritito: eeeiiiiii! Sin embargo, si durante el diálogo se realiza alguna afirmación importante, acaban con un eeepa. Otra curiosidad, como negación, utilizan Nada. Por ejemplo, ¿está tu tía en casa? Y si la tía ha salido a echar un pote, te dicen: Naaaaada. También estoy aprendiendo alguna palabra en Macua, pcositas muy básicas como hola qué tal y poco más. Con lo que sí me tengo que poner más serio es con el Dutch, para eso me gasté 30 mortadelos en un curso de iniciación al holandés. Y se lo debo a Maya, que ella es una artista y ya habla buen castellano.

Hay algo que se nota muchísimo y es muy desagradable. El racismo. Hasta la fecha, me ha tocado ver situaciones racistas. Son muy racistas entre ellos mismos y no me refiero al color, sino al dinero. Son muy clasistas, y jamás verás personas “con plata” relacionarse con la miseria que reina en la clase pobre. Todavía no sé cómo se portan con discapacitados, pero se ven bastantes albinos y están con gente, no van solos. Aquí tenemos un discapacitado, Fernando, al que le llaman O diretor da escola agraria. Se pega el día en la escuela y la goza con nosotros. No da ningún problema excepto cuando algún desgraciado en el pueblo le da de beber y entonces monta el numerito. Es el macaco al que le tuve que intentar cortar el pelo, que por cierto, misión imposible. Estos no tienen pelo, tienen nanas.

Una última curiosidad antes de despedirme hasta la semana que viene: qué habilidad tiene esta gente para transportar todo en la cabeza. Lo llevan todo sobre el cuero cabelludo (cuero, cuero curtido). Y cuando digo todo, es todo. Da igual el tamaño, peso o forma del bulto, se ponen un trapico en el cogote y ala, a caminar. He visto a la misma mujer llevar desde un pan de un metical, del tamaño del ratón que estáis agarrando ahora, hasta bidones llenos de agua de 30 litros. Azadones, fardos de forraje, botellas de agua, perolas, sandías…de todo. Doy fe. ¿Para qué usar las manos teniendo cabeza? Yo he probado y con la almendra que gasto lo justo llevo una gorra.

Por último, quiero deciros que esta mañana hemos procedido al sacrificio y despiece del cabrito, que hace un rato ha sido asado y devorado por Angelo, Federico, Momade y un saciado servidor. Estoy lleno, qué sensación tan buena. Y estaba cojonudo!!! Se ha aprovechado todo, todo, todo. Aún nos queda algún pedazo para otro día que conservaremos en el arcón de la escuela.

Mi supervisora llega este domingo a Pemba y estará aquí hasta el siguiente viernes, a ver qué tal organizamos el trabajo porque una cosa es lo que me dijeron que había aquí, y otra muy distinta lo que me he encontrado. Haré lo que pueda, prometo esforzarme al máximo. Ya os escribiré cuando se vaya a ver qué tal todo.

Beijinhos e abraços!!!

Posteado por: txef | 15 febrero, 2010

Acunha!!! (parte I)

Ya me habéis leído quejándome sobre la comida, alguna experiencia o los animalicos con los que comparto mi vida, toda ella. Una de las cosas sobre las que más cosicas tengo que contar es la gente. Prefería esperar para daros una ligera imagen de la gente que habita por estas latitudes por la simple razón de tener más tiempo para conocerlos, tener más experiencia y poder hablar así con más razón. Aunque llevo aquí un mes escaso, después de vivir y trabajar día a día con ellos, quiero contaros siempre con mucho respeto, cómo veo a los Mozambiqueños, al menos a los de Cabo Delgado.

Ahora ya tengo trabajo y hace días que no la visito, pero cuando no hay mucho o nada que hacer, solemos ir a la aldea. Por hacer algo, yo qué sé. Suele ser los días que Lorenzo decide darse un respiro y a eso de las 16,30 apanho la mochila y marcho por un caminillo de arena roja, parecida a la que se le queda pegada en la camiseta a Nadal después de ganar, que discurre por el área boscosa que separa la EPF de Bilibiza donde vivo, y la propia aldea. Las conversaciones durante el trayecto se repiten mientras trato de no morir acribillado por una surtida selección de invertebrados que atacan sin piedad por tierra, agua y aire. Como decía, las conversaciones giran en torno a dos oraciones que si bien son expresadas en diferentes idiomas, comparten el mismo mensaje que es: Joder qué calor hace, y creo que va a llover. Cruzando un solar lleno de hierba hasta la rodilla, supuestamente el campo de fútbol en la época seca, me acerco a la aldea y comienzo a oír la palabra que más escucho cuando salgo de la escuela: Acunha!!! que quiere decir blanco en una forma graciosilla y creo que no despectiva. Conforme voy pasando por delante de las casas de adobe, aparecen criaturas de todos lados gritando acunha y señalándome. Los mueticos son lo mejor, son realmente pequeños y siempre están sonriendo. Esos cacahuetillos barrigudos se mueren de la vergüenza si les hablo y si saben que llevo la cámara de fotos encima, lo que más les gusta es que les saque una foto y después se la enseñe. Se ven haciendo el mono en la pantalla de la cámara y empiezan a gritar brincando como locos, la gozan. Es curiosísimo que los bebés no se quejan de nada, se pegan el día entero pegados a la espalda de la madre con una capulana en el campo y no dicen ni esta boca es mía. Los agarran del brazo y los sueltan de cualquier manera, da igual lo que les hagan, esos conguitos no se quejan de nada. Una diferencia enorme con los críos de allí. La mayoría son muy tímidos y algunos se asustan al verme. De hecho en Pemba fui a hacer fiestas a una criatura y empezó a llorar como loca. Me alejé y la madre me dijo que cuando se portan mal, les amenazan con que va a venir el hombre blanco y se los va a llevar. En general son muy cercanos y les gusta mucho tocar, enseguida te agarran de la mano o quieren que les cojas en brazos. Son geniales, de verdad.

Algo a lo que ya me he acostumbrado, pero que al principio resulta un poco violento, es que aquí soy el centro de atención. Me refiero a los blancos en general y no es de extrañar, cuando he visitado sitios donde viven personas que no habían visto a una persona de raza blanca en su vida. Os podéis imaginar la cara que se les queda. Hubo una mujer mayor que me cogió la mano y la empezó a examinar como si fuese un extraterrestre, toda una experiencia. Todo el mundo sin excepción me mira, los que son tímidos lo hacen con el rabillo del ojo, pero la mayor parte se queda mirando y hasta que no les dices boa tarde o Salama no paran. Creo que digo unas 4000 veces boa tarde cada vez que salgo. A las crianças se les saluda con la mano y diciendo tata! Cuando vamos a la aldea nos convertimos en el acontecimiento social más importante del día. Todo el mundo busca un saludo, un guiño o si puede ser algo de comida del branco. Saludan levantando las manos y enseñando las palmas mientras asienten con la cabeza. La verdad es que en general, y especialmente en las áreas rurales, la gente es muy tranquila y amable. Tengo entendido que esto es así en esta región, porque en el sur, conforme te acercas a Maputo, la cosita se pone bastante más peligrosa. La verdad es que ya se nota diferencia de Bilibiza a Pemba por ejemplo. Aquí ando a mis anchas sin ningún problema, pero en Pemba no sería muy inteligente pasear enseñando todos los gadgets.

Suena mal, pero hay que admitir que en general son una banda de incivilizados. No se les puede culpar por ello, no se puede exigir nada cuando la tasa de analfabetismo supera el 80%. No saben ni leer ni escribir, especialmente en el mato. Es algo que siempre te preguntas cómo puede ser, y sinceramente no le daba la importancia que tiene hasta que lo he vivido. Me encantaría enseñarles cosas básicas como normas de higiene, dónde tirar la basura, leer y escribir mínimamente…un poquico nada más y al menos en la vida diaria la cosa cambiaría. Y eso que en la escuela de profesores donde vivo la gente pone interés y el nivel de civismo me atrevo a decir que es el más alto de la región. Unos cuantos ejemplos y os haréis a la idea: En los edificios de la capital todas las basuras, restos y cosas que no quiero pensar, vuelan por la ventana, dónde mejor, ¿no? El concepto de turno no existe: Si se te ocurre ir al banco, al registro, o a cualquier sitio donde haya que “hacer cola”, vete preparado porque es la guerra. Un bolo de gente sudorosa se agolpa formando una barricada frente al mostrador, donde un individuo que se supone que está ahí para trabajar, se pasea y de vez en cuando atiende a alguien con la velocidad y eficiencia que como ya os comenté, les caracteriza. Desesperante. Pero para esos momenticos, buena dosis de paciencia y a reír. Cuando toca echar horas en la estrada, me toca ver de todo. Lo más normal es ver camiones, chapas y coches que han quedado tirados en la cuneta. Durante los trayectos hacemos varias paradas y en la carretera hay infinidad de chavalicos vendiendo fruta, esteras de esparto o latas de refresco calentorro. Si toca ir detrás de un machimbombo, ves que le gente no para de tirar basura por la ventana. Un machimbombo es un autobús de la edad de bronce tuneado hasta la saciedad con todo tipo de luces multicolor, pegatinas con motivos americanos y palabras en inglés como: Nice, Fury, o Super-Rapid. Son un auténtico atentado contra el medioambiente, no sólo por la cantidad de mierda que lanzan por la ventana los animales que transporta, sino que también por la espesa nube de humo negro que expulsa y que lo justo deja ver la carretera. No exagero, es un espectáculo. Lo que quiero decir es que no les importa nada tirar todo al suelo, en el medio del campo. Lo de que las basuras están mejor junticas y aparte, simplemente lo ignoran. A Zacarías, el que me lleva a las machambas en el 4×4, ya le he echado varias broncas porque el tipo tira todo por la ventana, joderse. Por cierto, aunque no viene a cuento, aquí se conduce por la izquierda y realmente mal. En cada adelantamiento me rezo todo lo que sé. Probablemente yo no osaría a coger el coche en la ciudad, veo todo tipo de salvajadas y las normas directamente no existen, aunque me consta que hay una autoescuela. A la hora de sentarse en la mesa tampoco se cortan, se come generalmente con las manos y aquello parece un concurso de a ver quién mete más ruido deglutiendo shima con feijao. También, es muy normal que te cruces con una amable señorita, sonría, y acto seguido espute todos sus gargajos sin pudor alguno por cualquier orificio. Lo de los modales es una cosa que a nosotros nos parece básica, pero haceos a la idea de que la mayor parte de la población no tiene nada de educación, nada. Siempre agradecen un saludo, el mítico Tudo bem muito obrigado, pero eso sí, si les ofreces algo no dan gracias ni a tiros. Cuando viajamos suelo invitar a los que van en el todoterreno a una fanta o a galletas, y las agarran sin decir nada, tan normal. Les ofrezco galletas del pacote de 10 y agarran mínimo 5 del tirón. No se cortan pero insisto, no hay que malinterpretarlo, es otra cultura.

Sin embargo, en otro tipo de situaciones los mozambiqueños son realmente amables y serviciales. El personal del sector restauración es realmente atento, que no rápido. Todo el mundo, como ya he comentado, saluda con sonrisas y pregunta por la salud, el trabajo y las namoradas. La sensación que se me queda es muy buena hasta el momento en lo que al trato con la gente se refiere. En otra ocasión os contaré cómo trabajan, pero para esto esperaré a tener más experiencia con ellos.

No quiero despedirme sin actualizar brevemente mis documentales sobre naturaleza y fauna. Supongo que algunos de vosotros ya habéis visto gráficamente lo que describía en el post titulado Fauna. En el siguiente link podéis ver la Ruperta que me encontré el otro día en mi habitación. http://picasaweb.google.com/josema.albeniz/BilibizaVolI#5436885295389879218 La verdad es que me sorprendí a mí mismo, ni me asusto de verdad…me empecé a reír. No es que sea un machote, es que es síntoma de que ya estoy casi 100% adaptado al medio, aunque mi sistema digestivo siga quejándose. La rata que me daba guerra todas las noches también cayó a manos de Bachir, también hay documento gráfico que da fe de ello.

Otro día seguiré comentando cosicas de este sitio tan bonito. Aunque cuesta horrores colgar fotos, suelo dejar alguna en esta dirección, por si queréis poner imagen a lo que leéis. http://picasaweb.google.com/josema.albeniz

Muchos besos y abrazos a todos. Até logo!!

Posteado por: txef | 6 febrero, 2010

Buen menú…

8 días sin electricidad, ni a la mañana ni a la tarde. Y no me quejo, la última avería supuso 15 días sin luz. Esto es consecuencia de una avería en el generador que ha sido reparada con la velocidad, eficiencia, sincronía, labor grupal y claridad que caracteriza a este país. Así les luce el pelo. Por fin nos dan una hora de luz para cargar desesperadamente todos los dispositivos electrónicos (móvil, cámara, ordenador y iPod) Al tema, Josema. Hoy tengo un hambre que me comía un buey entero, así que voy a contaros qué y cómo se come en la África profunda, no en las ciudades ni en los hoteles…Bom apetite!!

¿Con qué te llenaste hoy? Me suele preguntar con mucho acento y una sonrisilla Federico, el amigo argentino que mata el rato entre otras cosas, reciclando velas. Gran labor por otra parte, especialmente cuando no hay electricidad y a las 18.00 no se ve NADA si no hay luna llena. La respuesta suele ser desgraciadamente casi siempre la misma. Arroz con feijao, o feijao con nshima. Y punto. Es lo que hay. Si algo estoy echando en falta es la comida. Es uno de los peores aspectos de la vida en el mato. Y ahora me acuerdo cuando llegué a Holanda, que anduve quejándome de la comida, que no era buena, que no hay esto, que qué malo es lo otro…en fin, menudo melón. Voy a daros una pequeña descripción de las maravillas gastronómicas con las que nos deleitamos a diario. Todos los días lo mismo. Empiezo por los 3 productos base, productos estrella, productos que si no quieres o no puedes comer, estás jodido de verdad. Primero, Arroz. Arroz en cantidades industriales. Arroz a la mañana, tarde y noche. Arroz blanco que traen en sacos de 25 kilos de marca “Mama África”, que sinceramente no está malo, pero que todos los días cansa. Arroz siempre acompañado por Feijao, véase, alubias pintas. También de forma masiva. A mí me gustan y más me vale, pero sólo llevo 2 semanicas y ya mataría por saborear algo distinto. Por último y no menos importante, Nshima. Se trata de un elaboradísimo plato compuesto de harina de maíz blanco y agua. Punto. Es más soso que un yogur de agua, y eso que el yogur de agua por lo menos sabe a agua (que no sabe). Pero la nshima ni eso. Imaginaos una maseta teóricamente blanca, habitualmente teñida de una amplia gama de marrones dependiendo de la cantidad de arenilla y del tiempo de más que pasa en el fuego porque el “cocinero” está mirando a los gamusinos. La consistencia del producto varía en función de la temperatura a la que lo disfrutes, empiezas con la cuchara y acabas usando el cuchillo para hacer figurillas. Si lo guardas de un día para otro, yo creo que lo puedes usar para tapar juntas a modo de cemento armado. Es un verdadero suplicio, y su única función es llenar y hacer masa en el estómago. O la untas con algo, o no la comes. Una curiosidad: para las mañanas que quieren innovar, preparan Papa, que no es más que nshima más diluida y con generosas cantidades de azúcar moreno. El resultado es una papilla extra dulce que no, no está buena pero hay que comerla.

Después de explicaros los 3 pilares básicos de la dieta africana, (insisto, de la verdadera África, no en las ciudades) voy a comentaros las diferentes variantes con las que no es frecuente que nos sorprendan. La Matapa es una mezcla cocida de las hojas de las alubias, con cebolla y ajo, que en días de lujo va acompañada con cacahuetes o coco molidos. La verdad es que a mí me recuerda a acelga con patata. Para mí es la mejor opción para tragar la nshima. Por 75 meticais (menos de 2€) puedes adquirir Galinha, una pobre gallina flaca y fea pero que con tomate y cebolla me sabe a gloria. Flaca de verdad, cuando toca galinha yo me la como enterica y no me lleno. Batata cozida hay por el mundo entero, huelga decir que es la guarnición más utilizada en este tipo de platos cuando toca. Es importante señalar que todos estos homenajes gastronómicos no vienen solos. Todos ellos sin excepción están aderezados con arenilla. El hecho de estar masticando y de repente sentir kraskraskras es algo a lo que no me acostumbro. Además, antes de atacar a las alubias, recomiendo encarecidamente una exhaustiva búsqueda y captura de fauna en el plato, ya que no hay día en que no recate moscas y mosquitos que quisieron unirse al festín. A mí sólo me ha tocado una vez, pero creo que cada mes preparan cabrito. Pero claro, es un cabrito para alrededor de 300 personas, imaginad la cantidad que toca per cápita.

Básicamente esa es la dieta, que por mi salud obviamente me esfuerzo en complementar a base de pagar en el mercado. Cuando voy no bairro (aldea), suelo comprar siempre lo mismo: Panecillos artesanales a 1 metical la unidad, bolsitas de amendoins (cacahuetes frescos, sin tostar), latas de atún y sardinillas carísimas pero que me saben a gloria a modo de pintxo y latas de fanta Uva, una variante de la firma Fanta de color morado intenso con una cantidad de azúcar capaz de resucitar a un muerto. Lo de los pececillos secos merece un post aparte, pocas veces he experimentado un hedor tan repulsivo y potente. Venden pescaitos secos a reventar de moscas que huelen a kilómetros. No puedo entender, no me entra en la cabeza cómo pueden siquiera acercarse ese deshecho a la boca. Obviamente me iré sin probarlos. Vomitivo, de verdad. Otra cosa que comemos en cantidades notables son bolachas, galletas. Su precio es irrisorio y no están malas, me atrevo a decir que las galletas son un básico diario para nosotros. Es divertido jugar a la lotería con los huevos, siempre es bonito reírse del que ha comprado 5 huevos enanos y 4 están malos. Echando cuentas pienso que el 50% de los huevos suelen ser aptos para su consumo.

Insisto que yo todavía no tengo derecho a quejarme y ya os contaré dentro de 2 meses cuando me esté comiendo las piedras o algún macaco, pero con semejante repertorio culinario, el cuerpo me pide comida, sabores diferentes, algo de variedad. Algo menos de 500 meticais (alrededor de 12€) vamos a pagar por un cabrito de leche que Mumade nos va a despiezar y asar. Gozar. Así que cuando voy a Pemba (que me empieza a parecer Nueva York, con luz, agua, frigoríficos y comida), no reparo en gastos, engullo como si no hubiera un mañana y disfruto como un enano una cerveija de marca local (2M, Manica o Laurentina) bien FRÍA. No tiene precio.

Ya sabéis que me gusta mucho quejarme, pero Madre, aunque un poquillo más flaco, estoy bien vale!? Cuando vuelva, agarraos, me voy a comer y a beber lo que no está en los escritos.

Me despido hasta la próxima ocasión, que por cierto quién sabe cuándo será, canturreando la famosa canción de los Golden Apple Quartet: El Menú…Camareroooooooo……..

Posteado por: txef | 28 enero, 2010

Fauna

¿Oís? De fondo suena la cabecera de National Geographic…

Lo primero que me pregunté al entrar a la parcela donde está mi casa fue: ¿por qué razón mi casa es la única protegida con una verja? En el Campus de Bilibiza hay alrededor de 15 edificios, todos ellos iguales, y da la casualidad de que la mía es la única que se encuentra totalmente rodeada por una verja. Y la cosa no queda ahí, la única puerta de acceso a la parcela es doble, similar a las que se pueden encontrar a la entrada de una prisión. Esto es, después de pasar la primera puerta de super-seguridad, existe una especie de cubículo también protegido por una verja que finaliza en la puerta por la que se accede a la entrada de la casa. Antes de entrar a mi maravillosa morada (que finalmente va a ser la misma por todo el tiempo que me quede en Bilibiza), pregunté a uno de los mozos que me llevaban la maleta (sí, no me dejaron cogerla, “seguro que el blanquito este no tiene fuerza para llevarla”) por qué razón esa casa tenía un verja rodeando la parcela, especialmente en la entrada. Su respuesta fue de lo más tranquilizadora. Literalmente: usted cuando entre, cierre las puertas; y cuando salga, cierre las puertas. Dicho y hecho. No me fijé que mi casa es la última de la fila, y que más allá de la protección, hay vida salvaje, el “mato”, el parque nacional das Quirimbas. Con razón está vallada, mi casa es un Zoo, un museo de ciencias naturales, una expo de diferentes ecosistemas, una reserva natural, un arca de Noé. Duermo acompañado de una amplia selección de invertebrados, vertebrados y aves. Tras una semana durmiendo aquí ya me he acostumbrado, y solo me despiertan las ratas intentando entrar por un hueco de la puerta, que convenientemente he cubierto con cinta aislante y libros. Todas las noches los roedores no faltan a su cita con mi puerta, rascando y mordisqueando la tapa del libro y la puerta. He pedido que me den cepos, pero para qué, si van a entrar más. Sé que algo buscan en mi cuarto, y es la televisión. La primera noche, pillé a una de ellas entrando en la televisión, por un butrón que habían practicado en el botón de encendido. La verdad es que me costó darme cuenta, pero acto seguido cogí la cinta americana y sellé la puerta. Las demás noches hubo bastante actividad dentro de la caja tonta, y hoy ya he conseguido que el mozo la saque de casa. También tengo un murciélago que no sé dónde se mete por el día…He tapado todas las posibles entradas a la habitación, he cerrado los huecos de las mosquiteras de las ventanas, he abierto hasta la caja de fusibles, pero nada. El bicho entra y pasa la noche volando alrededor de mi red mosquitera. Pero no me importa porque se come los bichos. Justo como mis colegas los gekos, son geniales. Tengo unos 6 o 7 en mi cuarto, y no los dejo salir ni loco. Allí los tengo mirándome pegadicos en las paredes y las ventanas, y gracias a ellos mi cuarto está casi libre de insectos porque se los comen todos. Son lo mejor contra los mosquitos, moscas y derivados. Para urgencias extremas (avispas, cucarachas del tamaño de Arkansas y demás), compré un spray que se lo carga todo. Flis-flis que lo llamaríamos en mi familia.

Tengo que decir que en África, todo es más grande. En lo que al reino animal y vegetal se refiere, malpensados. Al menos todo lo que yo he visto. Cuando llegué a Pemba, apareció un muete vendiendo un camarao del tamaño de mi brazo, aquello era el langostino más bestia que he visto en mi vida. La misma noche casi me atropella un ciempiés que medía lo menos medio metro, exagerado. Estuve por subirme al bicho para ir a casa. Ya en Bilibiza tuve el gusto de conocer las avispas que parecen triples. Enormes. También hay un bicho que le llamamos el chopper, también de dimensiones considerables, que suena como un helicóptero y vuela fatal, chocándose con todo. Sería interesante tener un DECIBELIOS para medir el escándalo que monta la cigarra, o lo que sea que mete un ruido en el árbol de la entrada que casi hace falta ponerse tapones al pasar. Te toca un bicho de esos en el árbol de casa y no pegas ojo ni sedado, de verdad. Las moscas son especialmente cansas, son terribles, no dan tregua. Los ataques de insectos son crueles y no hoy paz cuando te pegas 24 horas al día sudando como un toro. Me hacen mucha gracia los camaleones que viven en nuestro árbol, bajan todos los días después de comer, no sé muy bien para qué, y suben, con toda su pachorra y su baile.

Aquí a todas la “culeblas” y serpientes les llaman cobras, y por aquí abundan. Ayer a la mañana el mozo que va a buscar agua mató una en mi cocina. El susto me lo llevé cuando me dijo que era una mamba, cosa seria, muy seria. La verdad es que no medía más de medio metro, pero era una mamba. Hoy ha acudido en mi ayuda el vecino, portando una poedrusco enorme que tenía por objetivo aplastar una culebla de 1 metro que me ha aparecido en la puerta de casa. Qué gran recibimiento. Más vale que esas marrones no muerden, o eso me ha dicho. Las arañas son de museo, más peludas que yo y enormes, asustan un poquico. Por favor, si hay algún biólogo leyendo esto, que me diga si es posible que exista una rata de más de un metro de largo, algo enorme. El otro día vimos pasar en el jardín de enfrente un animal que se parecía muchísimo a una rata, con un rabo enorme, corriendo a ras de suelo. Menudo susto, nos levantamos todos de la silla acojonados. Las calles de todas las aldeas están llenas no sólo de gente vendiendo de todo, sino también de cabras, cabritos, pollos, pavos, que comen toda la porquería. Muy rico. A los vegetarianos no les hará gracia, pero el italiano, el argentino y yo nos encontramos en plenas negociaciones con un camponés para comprar un cabrito y asarlo. Ellos están desesperados por comer algo de carne, y yo ya empiezo a echarla de menos.

Mención especial merecen los macacos. Esto está lleno de monos, babuinos, que van en grupos a ver si cogen algo para comer y a beber agua de los charcos y las pilas donde se lava la ropa. También veo unos macacos más chiquiticos que están siempre subidos a los árboles. Se supone que la protección de mi casa es para controlar a los monos, pero da gusto verlos cómo saltan la valla (para eso son monos), y descansan en la sombra de mi porche. La verdad es que no son peligrosos, aunque los machos son bastante grandes, y huyen con facilidad. Mi amigos Gerardo la gozaría aquí viendo los aguiluchos y los halcones tan preciosos que vuelan todos los días por encima de la escuela. Otro animal que debe abundar en el parque nacional es el elefante. Tengo muchas ganas de verlos, debe ser impresionante. Un amigo italiano tuvo la suerte de ver uno cuando venía de Pemba en el todoterreno, y se quedó tan impresionado, que ni pudo sacar la réflex para tomar fotos. Pero también da cosica, porque si están solos, son extremadamente peligrosos. Hace 2 meses mataron un macho enorme aquí en Bilibiza porque andaba sólo y estaba muy cerca de la aldea. Y hace 2 años una manada entera, de unos 20 miembros, entró en el Campus de Bilibiza a comer aprovechando la proximidad de una laguna enorme, que por cierto, está a reventar de cocodrilos.

La historia de terror ocurrió en 1998. Un viejo macho de león se jaló a 32 personas en 3 meses entre la aldea y las escuelas donde yo estoy. Fue una catástrofe y tuvieron que acudir a cazadores profesionales para matarlo. La piel del gatico debe estar colgada en la comisaría, a ver si voy a verla. Hasta que me acostumbre voy a casa de noche con 2 linternas, tanteando el terreno y atento a cualquier cosa. Una aventura.

Vida salvaje, animales e insectos peligrosos, ruidos y mucho movimiento. Los amables lugareños me lo dicen, así es la vida en África, mucho cuidado con todo. Pero la verdad es que hasta el momento, es muy bonito vivir en un parque nacional. (Ya os contaré lo contrario sui pasa algo).

Un abrazo de elefante, Josema.

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